miércoles, 26 de febrero de 2014

Necesitamos refundar el Estado

La crisis que el dogmatismo neoliberal desencadenó en 2007, mostró en nuestro país la fragilidad de los pilares sobre los que se construyó la España del 78. La convulsión resultó ser tan violenta, que se resquebrajaron, dejando el edificio prácticamente en estado de ruina.
Sirvió para que llamaran “austeridad” a lo que fueron drásticos e injustos recortes del gasto social, destrozando de un plumazo aquella “economía social de mercado” que tantas ilusiones despertó hace 35 años. La avaricia y las ansias de acumular capital y poder  de especuladores escasos de principios,  han dejado al borde del precipicio nuestro incipiente estado social. La economía sí ha sido de mercado, pero de un mercado tan desregulado, que la parte del producto nacional que debería  financiar la prestación de servicios consagrados como derechos constitucionales de la ciudadanía,  se ha volatilizado entre  fastos y campañas electorales, y por las negras alcantarillas de la corrupción política. Y aquí no pasa nada
Que el sistema financiero- mejor, sus “temerarios” ejecutivos-  haya hecho un agujero de 200.000 millones de euros en las cuentas del estado con cargo a los contribuyentes presentes y futuros, ha sido –nos dicen-  consecuencia de haber vivido “por encima de nuestras posibilidades”, culpabilizando así a una sociedad entera, aquellos que en un mes, han ganado más –según el salario medio- que 70 trabajadores en todo un año. Y eso no puede calificarse más que como una enorme desvergüenza. Y aquí no pasa nada
Y qué decir de la Justicia, que cuando algún magistrado quiere indagar “más de la cuenta” sobre aquellos temas escabrosos que pondrían en solfa grandilocuentes proclamas de honradez, transparencia y equidad, se le “fabrica”  una prevaricación    como torticero recurso para impedir que su laboriosidad y su compromiso público, puedan hacer que la justicia resplandezca. Y aquí no pasa nada
O el propio Parlamento, que con el recurso al “y tú más”, cada día está más alejado del sentir ciudadano,  con  discursos que no van realmente a la raíz de los problemas, confundiendo la elocuencia más o menos “llamativa”, con la verdadera radicalidad que llene de realismo y de propuestas posibles la acción de la Política, lo  que permitiría  que ciudadanas y ciudadanos recuperasen la confianza perdida en una institución  básica  como lo es el Parlamento. Pero no, diputadas y diputados continúan, unos con la “herencia recibida” y otros, “ustedes lo hacen peor”. Y todo continúa igual.
En este contexto, no es de extrañar que los partidos políticos, en los que fundamentalmente recayó hace 35 años una gran parte de la responsabilidad de construir un estado democrático, hoy hayan perdido, no solo credibilidad, sino la confianza de muchas generaciones jóvenes para que sean ellos, quienes  tracen las líneas sobre las que debe discurrir un nuevo proyecto de país. Y sin nueva ley que defina competencias, funciones y financiación de los partidos políticos, más   otra, la electoral,  que garantice un Parlamento mucho más representativo de las  sensibilidades políticas que configuran la sociedad actual, seguiremos en las mismas.
Necesitamos un nuevo proyecto que permita superar la  crisis de nuestro actual modelo territorial.  La España plural requiere un mejor encaje de las naciones y regiones que la conforman. Por eso no solo basta formular en abstracto la Federalidad del estado, sino que hay que descender mucho más a lo concreto, teniendo muy presente el principio de  solidaridad e igualdad entre  los habitantes de los pueblos de España,  lo que en absoluto es contradictorio con revisar con mayor  realismo histórico, un mapa del país que, lejos de aquel famoso “café para todos”, sea  reflejo de los complejos procesos que condujeron a la configuración de España como nación de naciones. Y naturalmente, debería ser profundo objeto de reflexión, solucionar el tema de la forma de la Jefatura del Estado. Es evidente que la actual, también se ha visto atropellada por acontecimientos que la han desprestigiado hasta límites poco soportables e  incompatibles con una democracia decente.
Y así hemos llegado a donde hemos llegado: a una democracia demasiado imperfecta para ser catalogada como tal. Porque ¿cómo puede aspirar a ser creíble y representativo un parlamento nacional (y no pocos autonómicos) que soportan la pesada losa de tantas decenas de imputados? Si no se abordan con prontitud los problemas estructurales que padecemos, seguiremos ensanchando el abismo que hoy existe entre las Instituciones y la ciudadanía. Y así es imposible continuar. Esto está agotado.
Por eso, construir un nuevo proyecto de la España Plural requiere iniciar un proceso constituyente que consiga:
  1. Articular un Estado Federal alejado de ese “café para todos”, que incluya una fiscalidad progresiva, justa y suficiente para la financiación de los bienes públicos.
  2. Asegurar un autentico blindaje del estado social y democrático de derecho
  3. Un Parlamento  con mayor proporcionalidad para que las minorías se sientan debidamente representadas (Nueva Ley electoral)
  4. Una democracia abierta que promueva e institucionalice la imprescindible participación de la sociedad civil en la gestión de los asuntos públicos
  5. Una profunda reforma de la Justicia que garantice su plena independencia de los poderes políticos y económicos, y en la que sus organismos funcionales y de gobierno respondan a verdaderos criterios democráticos
  6. Garantizar el control democrático del sistema financiero y del que una parte sustancial sea de dominio público.
  7. Suprimir las limitaciones constitucionales actuales para que los gobiernos elegidos democráticamente puedan aplicar los programas con los que hayan concurrido a las elecciones y refrendados por el Parlamento del estado.
Pero un proyecto constituyente  avanzado y de cambio social, solo será viable si los agentes progresistas –partidos políticos, organizaciones de la sociedad civil, plataformas cívicas, sindicatos, movimientos, etc.- son capaces de concitar un apoyo social mayoritario.  Sin duda para ello se requiere revisar a fondo el  discurso, las propuestas, las alianzas, todo aquello que evite recurrir a viejas recetas, bastantes de ellas sobrepasadas por la historia. Requiere sobre todo, enfrentarse al neoliberalismo; de lo contrario no hay nada que hacer. Y si ello requiere “re-fundarse”, re-fúndense.
Y en ese espacio colectivo de pensamiento plural, es necesario compartir que la batalla contra las desigualdades requiere defender con firmeza que no pueden separarse el proceso de creación de riqueza del de su distribución social.
Sería realmente saludable que cuajara un amplio proceso de convergencia entre todas las organizaciones, plataformas y movimientos progresistas en torno a unprograma común sobre las cuestiones planteadas.
    Autor: Manuel Moret Gómez (Militante socialista)

sábado, 22 de febrero de 2014

Refundar el PSOE

Miras al PSOE actual y no reconoces tu partido. Te ves explicando a tus vecinos y amigos decisiones de la Ejecutiva que ni siquiera llegas a comprender cuando no estás directamente en contra.
No encuentras una respuesta desde el partido para los problemas que te afectan a ti o a los que te rodean. No ves una alternativa en la que puedas confiar, sólo la opción de tener que votar al PSOE para evitar otra mayoría del PP. Pero a veces no hay ganas ni de hacer ese esfuerzo, porque como socialista sabes que el voto es una herramienta de cambio, el máximo poder del ciudadano para decidir tu futuro y te lo están pidiendo a cambio de migajas, de miedo, del menos malo.
Tu voto vale más. Sabes que el PSOE -donde militas, donde alguna vez has militado, ese partido al que votas o al que votabas hasta hace poco- debería ser quien potenciara todavía más el valor de tu voto y de tu participación política, pero está haciendo lo contrario, debilitándote como ciudadano y eliminando así la posibilidad de ofrecerte una opción, una alternativa con la que combatir a la derecha, con la que ampliar derechos y libertades y con la que hacer de la política un espacio social de cambio y transformación.
El PSOE ha dejado de trabajar para ti. No está a tu servicio, ha dejado se ser la herramienta con la que tu podías cambiar la realidad que te rodea. Miras al partido y no ves un edificio con las puertas y ventanas abiertas, ves un búnker protegido y aislado de tu opinión y participación. Tu voz está reglada, limitada y acotada.
Hace tiempo que se toman decisiones en tu nombre, toman como aval tu presencia, la que tienes o alguna vez tuviste, pero no formas parte de la decisión ni del debate.
Has enviado enmiendas, has firmado manifiestos, has participado en grupos de bases, te han acusado de esconderte en la cuevita de la izquierda por proponer una alternativa puramente socialista y sigues sin lograr nada, sin generar ningún cambio.
El cambio no es de matices, es de concepto. Es una necesidad de transformación general que devuelva el PSOE a la ciudadanía, que haga de él la herramienta de cambio social que nunca debió dejar de ser.
Para ese cambio sólo es posible la respuesta completa, la refundación sobre los valores de socialismo democrático, situando de nuevo al PSOE a la vanguardia social. Listas abiertas, toma de decisiones a través de la democracia participativa, transparencia, procesos revocatorios, primarias abiertas -completamente abiertas- contacto con los grupos sociales. Sabes el camino.
Hay una nueva forma de hacer política, una revolución que lleva tiempo en marcha y que no ha necesitado de este PSOE para nada. Una revolución democrática en la que un partido socialista está siendo absolutamente irrelevante.
Se puede volver a estar orgulloso de ser socialista. Es fácil, basta con ser socialista.
Hagamos, juntos, un nuevo PSOE. Devolvamos este partido a los ciudadanos, convirtamos a la militancia en trabajadores para la ciudadanía y no en palmeros que pegan carteles. Queremos estar al servicio del ciudadano, recoger sus propuestas, dar formato a sus ideas, dejarnos guiar por sus necesidades y dar voz a los que no la tienen. La militancia como servicio político al ciudadano, no como servicio exclusivo para beneficio privado de determinados cargos.
Está en tus manos. Nosotros te presentamos la herramienta para que lo hagas posible porque sabemos que hay que traducir los deseos en realidades.
No estás solo. Juntos vamos a crear una corriente para hacer real la transformación propuesta y juntos vamos a poder presentar alternativas reales a los procesos de elección para que se pueda elegir.
No hay más libertad que la capacidad de eleccion, que la existencia de alternativas. Sin ellas no somos libres. Vamos a crearlas juntos.
Autor: Alberto Sotillos Villalobos, firmante del manifiesto por la Refundación del PSOE